El emprendedor, actor principal de las situaciones difíciles. Por Luisa Benavides.

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Un centro de emprendimiento es un espacio capaz de apoyar a todas aquellas personas interesadas y motivadas para la creación de empresas, el desarrollo de planes de negocio, el fortalecimiento empresarial y el fomento y promoción de emprendimientos locales. Se debe ocupar también de una manera muy eficiente de propiciar el espíritu emprendedor. Sin embargo, la creación de espacios para la innovación y el emprendimiento resulta de gran interés para los que creen que ella hace, con creces, la diferencia entre los múltiples contextos y entornos tanto en la empresa como fuera de ella.

La innovación, por así decirlo es un proceso muy complejo en el que participan variables difíciles de  controlar e incorporar para garantizar sus resultados. Ellas representan la estructura económica social y exigen coherencia para establecer vínculos entre ellas y los propios emprendimientos. Su comprensión es de vital importancia. El centro de emprendimiento que valore el papel crucial de la innovación como proceso se justifica plenamente y cumple una función económica vital. No es  para nada baladí.

Los temas: tejido institucional, marco legal y el emprendedor constituyen, incluyendo el proceso de innovación, la fórmula para incorporarse al desarrollo en cualquier ámbito. Sobre todo, porque la coherencia entre estas variables, elementos de un sistema, es lo único que garantiza el éxito en forma particular o en forma general. Es un axioma la coherencia como generadora del éxito. Por todas estas razones es que la información y la capacitación son las herramientas más adecuadas para incorporarse a los procesos.

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¿De qué manera pretende el centro de emprendimiento cubrir estas expectativas?

Se han organizado un conjunto de actividades que van desde los cursos-taller hasta el coaching de innovación. También se publicará el blog de innovación para ir tratando los temas con mayor particularidad. Contamos con especialistas en los temas tratados, lo que permitirá ver el emprendimiento como un proceso que involucra  tres fases muy definidas y diferenciadas. La primera es la curiosidad, la cual, queda satisfecha al buscar información sobre los temas actuales, en los que se identifiquen algunas ideas o sueños que motiven al actor. Si se puede  reflexionar apoyados por la información adecuada se generará la intención de hacer algo, de moverse o simplemente, como afirmaba Druker, de  emprender buscando el cambio, para que responda a él y lo utilice como oportunidad. Mark Twain también afirmaba que un hombre con una idea nueva es un loco hasta que ésta triunfa. La creatividad siempre es vista como un arte, de allí la necesidad de incorporar a la cultura moderna, industrial, una dosis de arte.

En la segunda fase, es necesario que pongamos manos a la obra y utilicemos las herramientas de la planificación para concretar el sueño, la idea o el emprendimiento, con mecanismos de innovación, de administración y de control.

El seguimiento de los procesos instalados requiere de evaluación y reciclaje para completar lo comenzado con éxito, de eso nos ocupamos en la tercera fase. Abundaremos en el seguimiento permanente a través del coaching. Con este pensamiento de Ben Weissenstein, el Centro de Emprendimiento los invita a unirse a él: “Todo empieza como nada”.